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El Delta de l'Ebre ocupa 320 km², el 20% de los cuales son áreas naturales, un 75% es superficie cultibable y la restante urbana. En el territorio viven unas 50.000 personas.

En el invierno son muchas las especies que escogen las tranquilas aguas de los humedales como cuartel de invernada, especialmente limícolas, convirtiendo el Delta de l’Ebre en el mejor destino de visita ornitológica desde el mes de octubre hasta casi finales del mes de marzo.

No podemos olvidar las especies residentes, con aves tan importantes como el escribano palustre (Emberiza schoeniclus whitherby), una subespecie muy poco abundante y que tiene su mayor colonia de cría a nivel mundial en el Delta de l’Ebre.

También hay que tener en cuenta otras especies de relevancia para los visitantes centro y norte-europeos, como el Ruiseñor Bord (Cetta cetti) o la Gaviota Corsa (Larus audouinii).

A parte del interés ornitológico, el Delta de l’Ebre deleita a sus visitantes con unas transformaciones del paisaje que se repiten año tras año en función de la temporada del cultivo de los grandes campos de arroz. Todo comienza con una imagen cristalina por el reflejo de una basta superficie de agua que cubre casi todo el Delta de l'Ebre. Se trata de la preparación de los incontables campos de arroz que se preparan en la primavera para la plantación del arroz. En verano, el color verde de los brotes tiernos de las millones de plantas de arroz le dan vitalidad y alegría a un Delta que se convierte en un emplazamiento ideal para la cría de muchas especies de aves acuáticas. A finales de verano, el color del Delta se dora gracias a las espigas maduras de los arrozales, hasta que estas se recogen, dejando el paisaje en un bucólico color marrón fruto de los campos baldíos labrados que descansan hasta la próxima temporada. Y de nuevo, vuelta a empezar.